RESEÑAS


Diana Cullell entrevistada por Esther Peñas

Entrevista a Diana Cullell, doctora en Literatura Española, Universidad de Liverpool
El sesgo político no ha de considerarse esencial en la poesía de la experiencia

La poesía actual se ramifica en dos familias. Una opulenta en medios, recursos y feligreses, la de la experiencia; otra, la de la diferencia, marginada, devaluada y con escasas vías en las que amplificar su voz. Todo esto ocurre en España. En el resto de Europa no es así.


sobre "Penumbra" de Esther êñas - Javier Lostalé

Por Javier Lostalé

La lectura del segundo libro de poemas de Esther Peñas, Penumbra, el primero fue De este ungido modo, publicado igualmente por Devenir, requiere un acoplamiento pleno del lector con la escritura, la tensión anímica de quien está dispuesto a entregarse en la misma medida a lo visible y a lo invisible para habitarlo en su sustancial unidad. Por eso no es posible resbalar por el cuerpo del poema, sino que éste le


Agradecimientos - Fernando Escudero

Buenas tardes, soy Fernando Escudero, antiguo (en muchos sentidos ya) profesor de Lengua y Literatura de Israel García Gómez, y quiero empezar mi participación en este acto agradeciéndole a Israel, al autor, el haberme invitado a la presentación del mismo, lo cual es un placer y un honor, y a Juan Pastor, ilustre editor, el haberlo consentido


El desvío del otro - Ernesto García López

Por Ernesto García López

Ernesto García

Hace ya más de 10 años el colectivo poético Alicia Bajo Cero de Valencia (en boca de uno de sus poetas mayores, Antonio Méndez Rubio) decía que «hablar del mundo es proponer un mundo». Un libro de poesía encierra, a mi juicio, dentro de sí un mundo y lo quiera o no negocia y transacciona con ese otro mundo que le rodea. No en vano la palabra, como nos recordara el psicólogo bielorruso Vygotski, es un «microcosmos de conciencia humana». Por eso, hablar de un libro de poesía que está en el mundo es también proponer un mundo.


El Arte como alimento - Ricardo Ruiz

 Por Ricardo Ruiz

Nuestra civilización progresa de una manera tan vertiginosa como alarmante hacia una sociedad de tecnócratas y gestores del utilitarismo en perjuicio de una sociedad de humanistas. Los intelectuales ya no son los sabios, los pensadores o los filósofos; ahora los intelectuales son los cocineros, los asesores de imagen, los profesionales del shown business y los gestores del glamour. El valor de la cultura se mide por el interés turístico y gastronómico, por las colas en las puertas de los museos y por las ventas millonarias de libros de autoayuda. Los nuevos intelectuales han convertido la divulgación cultural en vulgarización y espectáculo mediático.


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