Presentación en Málaga de libro: “Castiglione y el arquetipo humanista en España”


El libro “Castiglione y el arquetipo humanista en Españ” (Música y paideia) de Elisa Prieto Conca se presentó el día 1 de noviembre en el Hotel Vincci Selección Posada del Patio Málaga. Elisa estuvo acompañada por: José Manuel Gil de Gálvez y Diego José Vigueras González.

El acto se cerró con unos minutos de música que interpretaron la autora con compañeros de Concerto Málaga.
(Texto de Elisa Prieto Conca en la presentación)

Leído superficialmente, El cortesano es un tratado de “buenas maneras”, un manual de instrucción para nobles. En él se recogen las conversaciones sobre temas diversos de un grupo de nobles, alto clero y humanistas, dedicados a escalar puestos en la curia vaticana o en los diversos principados de Italia. Las conversaciones tienen lugar en el palacio de los duques de Urbino, en cuatro sesiones desde la tarde hasta el amanecer. Algunas damas acompañan a los tertulianos; al frente de todos está Elisabetta Gonzaga, esposa del Duque.

El propósito de estos nobles ociosos es concretar los rasgos del nuevo modelo humano que sustituye al guerrero medieval: el del cortesano y, también, el de la dama de corte (no podemos decir “la cortesana”, que ya entonces tenía un sentido peyorativo). Aunque interviene poco en las conversaciones, la mujer adquiere una gran importancia: no solo incita a Castiglione a escribir, y a Boscán a traducir, sino que es la receptora natural de la obra. Estas obras educativas están compuestas ante todo para mujeres, que son “la mano que mece la cuna”.

En relación con la mujer, El cortesano es un monumento de la filosofía del amor en el Renacimiento. El discurso del Libro IV de Pietro Bembo, con el que se cierra la obra, es quizá el tratado sobre el amor platónico más elevado y más didáctico, y también el más hermoso, de toda la literatura europea.

Muy pronto, El cortesano difundió por Europa, a través de traducciones e imitaciones, el molde de la cortesía y de la cortesanía: los modos de danzar y tañer, cantar, festejar al amor, jugar a la guerra en tiempos de paz, discretear y divertirse. Todo ello se convierte al final en un camino de perfección personal que incide en el bien común.

Las pautas de dicho modelo hay que buscarlas en Platón a través de sus intérpretes o seguidores: los neoplatónicos del siglo III, como Plotino, o los neoplatónicos del siglo XVI, como Ficino, León Hebreo o Bembo, uno de los personajes de la obra (a estos los llamo “neo-neoplatónicos”, porque son una especie de tercera generación de platonismo).

¿Cómo se pudo difundir tanto este libro, si estaba dedicado a esa pequeñísima oligarquía de las cortes renacentistas? La razón la tenemos observando lo que sucede hoy mismo: los nobles imitan a los príncipes, la alta burguesía a los nobles, las clases populares a la alta burguesía. De ahí el éxito de los programas del corazón, o de las revistas del papel couché en la sala espera de dentistas o peluquerías, donde señoras con tirabuzones se familiarizan con los usos de la corte de Mónaco, si sirve el ejemplo.

En mi libro me he ocupado mucho de la incidencia de la obra en España. La razón es que El cortesano es una obra muy española. Castiglione fue embajador del Papa ante el emperador Carlos, en Toledo; sus personajes aluden elogiosamente a los reyes Isabel y Fernando; y hasta la fatalidad quiso que, muy poco después del Saco de Roma de 1527, donde tuvo que defender al Papado frente a la bárbara agresión de las tropas alemanas y españolas de Carlos V, Castiglione muriera en Toledo, en 1529. Su muerte fue lamentada por el propio emperador.

De hecho, en España hubo importantes continuaciones. Citaré solo la también titulada El cortesano (1561), del tratadista de vihuela Luis Milán, en la corte virreinal de Valencia. Ya en pleno Barroco, destaca entre varios otros Baltasar Gracián, autor de una serie de manuales del vivir que remiten a la obra de Castiglione.

Los dos temas fundamentales de mi estudio son la paideia, que es el programa educativo para la formación del cortesano, y la música, que es la parte central de ese programa. En realidad, no es mucho lo que se nos dice de música. Hay que tener en cuenta que los que “hablan” no son músicos profesionales; y tampoco Castiglione, que es el que nos traslada esas intervenciones de sus amigos. Más bien es un aficionado o diletante muy culto, que sabe de música como de arqueología o de equitación o de pintura, y que cuando habla sobre música está guiado por la sprezzatura: un concepto central de la obra.

El significado de sprezzatura es difícil de entender incluso para los italianos del Quinientos, aunque el concepto ya aparece en Quintiliano o Cicerón. Boscán lo traduce por desprecio o descuido. Se trata de una especie de un cuidadoso descuido, como una naturalidad fingida: una actitud de displicencia, de naturalidad fingida, que, siguiendo una tradición medieval, rechaza el virtuosismo y el “profesionalismo”. La idea aristotélica de la música, muy presente en toda la Edad Media, se dirigía al placer estético; mientras que el esfuerzo del profesional, que exige sufrimiento, es contrario a ese placer.

Las ideas musicales de El cortesano son las propias de las cortes humanistas, que miraban con recelo los avances de la polifonía, que les parecía antinatural y artificiosa, pues hacía ininteligible el sentido del texto (esto se dio sobre todo en la música religiosa, donde el sentido oracional de los textos era básico, y la música solo un apoyo). En aquellas tertulias, parecidas a las de los Bardi, algunas décadas después, se valoraba la claridad de los antiguos, basándose en la superioridad de la palabra y la concepción de la música como monodia con acompañamiento (pues creían que la música griega había sido al unísono). Este tema de las conexiones entre poesía y música es permanente en la teoría musical del siglo XVI (de Zarlino a la Camerata Florentina).

Ya termino. En el fondo, el problema renacentista al tratar de imitar la música de los griegos era la ausencia de restos explícitos. Los humanistas podían imitar la literatura griega, pues la conocían; y lo mismo con la escultura (aunque casi todo lo conservado eran copias romanas). Pero las obras musicales griegas eran para ellos producto de la filología o de la imaginación. Tratadistas como Nicola Vicentino o Vincenzo Galilei hubieron de reconstruir sobre el vacío la música de los griegos. Por eso, en la música renacentista predomina lo poiético o creativo sobre lo mimético.

En suma, en mi libro he querido estudiar El cortesano tanto en el aspecto filosófico y educativo como en el musical. Al fin y al cabo, la música era una parte sustancial de la formación de la nobleza, y tal vez el saber más completo. Ha de tenerse en cuenta que la música tenía aspectos tanto del Trivium medieval (que englobaba la retórica y las artes del convencimiento) como del Quadrivium (que englobaba las matemáticas y las artes del número y de la armonía).

No sé si este será un libro necesario; espero que, al menos, no sea un libro inútil. Muchas gracias a todos.