Juan Pastor presentado por Rafael de Cozar


Sobre "Dominios de matiz" en la Carbonería de Sevilla
Juan Pastor y yo somos de algún modo parientes por hermandad compartida. Mi hermano, el poeta  y pintor Ángel Leiva, argentino exiliado y siempre errante, primero en Cádiz, luego en Madrid, para marchar a USA, donde vivió muchos años, hasta recalar hace ya unos cuantos en Sevilla, saludaba a Juan Pastor en la extinta Estafeta Literaria de 1976 como una de las nuevas voces poéticas de futuro.
 
“Y es hoy el mañana de ayer… como escribió Machado, ya de madurez, “Dominios de matiz”, de su editorial Devenir.
El termino devenir hace alusión al futuro, pero no de momentos concretos en épocas lejanas aún, sino de un proceso, en una línea continua o discontinua hacia él. Suceder, acaecer, es decir, consecuencia de algo.  El presente es el fututo de aquél devenir y la madurez es efectivamente el punto actual de aquél hilo de la vida, es decir, la ventana también desde donde observamos lo que fuimos y lo que podríamos haber sido, existido, vivido.  ¿No sería natural la decepción, la frustración ante los sueños no cumplidos?  Muchos poetas, como Cernuda, se asentaron en esta posición en su madurez, pero para mí la verdadera madurez consiste además en asumir la existencia con todos sus matices, como hace Juan en este libro.
El termino matiz significa más precisamente: “Tono o grado de intensidad en que se puede presentar un mismo color, o sonido”  y también, por extensión,  “rasgo que distingue entre cosas muy parecidas”.  A los pintores impresionistas les obsesionaba analizar todos los matices de la luz y en la pintura es también habitual el termino “gradación”, que implica los diversos matices de un color mientras  el tono es grado de intensidad de este.
Ruego me perdonen esta incursión en la plástica y en la música, pero de algún modo esta parece ser la base del libro, los matices en la línea de color que hay entre la luz y la sombra, el blanco de la vida y el negro de la muerte, es decir aludir a las “frustraciones por el recorrido de tanto vacío. Pero siempre con dignidad”, en verso suyo.
Las variaciones de la luz entre el día y la noche son la síntesis de las variaciones entre el principio y el final, la vida y la muerte, y en este libro se deletrea ese camino en las diversas estaciones, con un hilo a veces perceptible y común a esas etapas, el amor.
Estamos ante un poeta pensador, meditativo y, por ello, no de lectura fácil.  De hecho a partir del paisaje,  primavera, verano, otoño, luces, colores, sonidos, como elementos físicos, se deduce la reflexión sobre la vida, asumiéndola como es:  “Tan sólo nos queda la tristeza de vivir. Pero desde la realidad y con la responsabilidad de nuestra propia voz y condición”
De aquí se deduce que, aunque están presentes los detalles de la primavera, o el verano, la óptica y el tono van sobre todo acordes con el otoño, que es la posición desde la que se escribe:
“Es el otoño que amanece y que se anuncia cuando viene.
Pero tengo miedo y un profundo respeto por la estación.
Por las sensaciones y sentimientos del otoño”
…Para reconocer más adelante:
“Pero estamos en Otoño. Y es ahí donde aparece y se da la plenitud”
En todo caso en Dominios de matiz, la realidad y el deseo no son del todo contradictorios, como sí parece serlo en Cernuda. Los momentos de intensidad efectivamente necesitan también a los momentos de rutina, como dice Juan, “para poder sentir y descansar de otra forma y de manera diferente”, del mismo modo  que es la luz la que determina la aparición y la dirección de la sombra, ya que la una existe porque existe la otra.
El azul, el rojo, el amarillo, el ocre, el blanco o el negro  no son colores puros, sino que vienen entre sí abrazados, matizados en la pintura literaria impresionista que practica Juan en este libro, que se cierra en un epílogo titulado consecuentemente “La estación del otoño”, donde ya se presiente la llegada del invierno, la noche, que también ofrece matices en las sombras.