DEVENIR

QUIENES SOMOS
Nuestra propuesta

Actualidad

GALERÍA DE IMÁGENES
Imágenes del año 2009 - Imágenes del año 2010

El día 12 de noviembre de 1996 en el Salón de Grados de la Universidad San Pablo Ceu de Madrid. Presentación del libro:
A Gerardo Diego. En el Centenario y los cien de Devenir

En la imagen de la derecha Rafael Morales y Juan Pastor, en la presentación del libro y celebración del número cien de la colección DEVENIR.


 


En el Círculo de Bellas Artes de Madrid el 15 de octubre de 1998, en el homenaje a Manuel Álvarez Ortega y presentación del libro: A MANUEL ÁLVAREZ ORTEGA. Dedicatoria. De izquierda a derecha: Francisco Umbral, Francisco Ruiz Soriano, Juan Pastor, Jenaro Talens, Carlos Álvarez-Ude, Manuel Álvarez Ortega, César Antonio Molina, Jaime Siles, Jorge Urrutia y José Ramón Ripoll  

 
En en la presentación del libro: Kilómetros de nostalgia de Ricardo Ruiz Nebreda, en el centro  y acompañado por el director de la colección DEVENIR de poesía y ensayo, a la izquierda, y Antonio L. Bouza el 12 de enero del año 2000 en la Sala Polizón del Teatro Principal de Burgos.



Pureza Canelo durante la presentación del libro
 


Una visión panorámica de la sala durante el acto

 En la imagen superior de la derecha, la viuda del poeta José Hierro, con el director de la colección DEVENIR el día 6 de marzo de 2003, durante la pesentación del libro: Voces poéticas de Cantabria, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

 



Jorge Urrutia

José María Martínez Cachero

 En el homenaje y recuerdo a José García Nieto el día 3 de noviembre de 2005 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con motivo de la presentación del libro: La revista de poesía Garcilaso" (1943-1946) y sus alrededores.

En la imagen de la derecha y en las dos imágenes inferiores,  Paloma García Nieto y Juan Pastor, con Jorge Urrutia y el profesor Martínez Cachero, durante sus respectivas intervenciones en el acto.

 
   

En Burgos durante la presentación del libro de Ricardo Ruiz Nebreda Estación lactante, en la Sala Polizón del Teatro Principal de Burgos., el día 19 de mayo de 2006. En la imagen superior de la derecha el autor del libro y María Antonia Ortega. Y a la izquierda, además del autor del libro, Luis Alberto de Cuenca y Juan Pastor.

 

Presentación de El Juan Ramón de Aurara de Albornoz
Presentación del libro El Juan Ramón de Aurora de Albornoz de Aurora de Albornoz, en edición y notas de Fanny Rubio. El acto tuvo lugar el 15 de febrero de 2008 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
De izquierda a derecha; José Ramón Ripoll, Fanny Rubio, Juan Pastor, Begoña Camblor y José Luis F. de Albornoz.


 
Begoña Camblor, Fanny Rubio y José Luis F. de Albornoz
 
Fanny Rubio y José Luis F. de Albornoz
 
Begoña Camblor y José Luis F. de Albornoz
 
Begoña Camblor, José Luis F. de Albornoz y Encarna Molina Yelo


Encarnación Pisonero, David Fraguas y el director de la colección DEVENIR, el 15 de abril de 2008. Sala Forum de Fnac, dentro del ciclo: Para reconocer y recuperar la memoria.

De izquierda a derecha, Luis Alberto de Cuenca, Juan Pastor, Jaime Olmedo y Fernando Rodríguez La Fuente, en el Círculo de Bellas Artes.. Presentación del libro Sensación de universo de Jaime Olmedo el 8 de mayo de 2008.


un momento de la lectura


Presentación del libro de Ernesto García López:
El desvío del otro  en La Central de Madrid. el 24de abril de 2008.
En la imagen superior,  Manuel Rico (izquierda) y el autor del libro.
que estuvo acompañado por un espectáculo de música y danza.



 Alberto Santamaría y Carlos Alcorta.

LO SEGIMOS CELEBRANDO
Para remover el agua con la poesía y la voz de la palabra

14 de octubre en la librería Gil de Santader
LA POESÍA AL OTRO LADO DE LA "RED"
(Mesa redonda y colóquio)
Inauguración del ciclo conmemorativo de los 25 añis de DEVENIR.

 
 De izuierda a derecha: Carlos Alcorta,r Guillermo Blbona y Juan Pastor.

 

 


 
Aspecto de la sala durate la mesa redonda inaugural del ciclo en la librería Gil de Santander
(Volver a inicio)


 

 LA POLÍTICA POÉTICA DE LA UTOPÍA
11 de diciembre  de 2008en La carbonería de Sevilla
Clausura del ciclo LO SEGUIMOS CELEBRANDO

  
En la imagen superior, en el centro Francisco Lira, y a la derecha Manuel Alcaide Mengual y Sara Mesa Premio nacional de poesía 2007. Fundación Nacional Miguel Hernández.

    
Una panorámica de La Carbonería de Sevilla y de izquierda a derecha: Francisco Serradilla, Sara Mesa y Juan Pastor. En la imgen inferior, aspecto de la sala (La Carbonería de Sevilla) el día 11 de septiembre en la clausura del ciclo:
LO SEGUIMOS CELEBRANDO.

(Volver a inicio)


HIMÁGENES CON VICENTE ALEIXANDRE AL FONDO
(Historia gráfica del año 2009)
 

El viernes 22 de mayo de 2009 en Burgos, se presentó en El Centro de Arte Caja Burtgos (CAB) El hombre crepuscular de Ricardo Ruiz.

 

 

(Volver a inicio)



Antonio Quintana en Córdoba

VICENTE ALEIXANDRE
Veinticinco aniversario de la muerte del poeta
(Del 278 de mayo al 27 de octubre de 2009)

 

 
Un aspecto de la sala en presentación y homenaje a
Vicente Aleixandre en Córdoba
 
De izquierda a derecha: Juan Pastor, Antonio Quintana, Pablo García Baena y
Javier Lostalé en Córdoba

 HOMENAJE A VICENTE ALEIXANDRE
Instituro Cervantes de Madrid
(16 de junio de 2009)

En las imágenes de parte inferior
de izquierda a derecha: Jaime Siles, Aurora Luque, Pureza Canelo, Javier lostalé, Juan Pastor y de pie en el atril Manuel Rico.

 

 
Jaime Siles
   

 CLAUSURA D
EL HOMENAJE A VICENTE ALEIXANDRE

En la parte superior dos imágenes del homenaje a Vicente Aleixandre wn el Ateneo de Madrid.

A la izquierda clausura del  homenahe a Vicente Aleixandre en la Fundación Gerardo Diego de Santander.

 

(Volver a inicio)


 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO: ÁNFORAS DE GOYA GUTIÉRREZ
Dia 11 de junio de 2009 en la casa del libro de Barcelona

        
Neus Aguado , Alfonso Levy, Goya Gutiérrez y un aspecto general de la sala

LEER COMENTARIOS Y OTROS TEXTOS ►        
(Volver a inicio)



Jacinta Negueruela y Juan Soto en la librería Primado de Valencia


EL 18 DE JUNIO DE 2009 EN VALENCIA
PRESENTACIÓN DEL LIBRO CUERPOS VARADOS
de Jacinta Negueruela

 

  

(Volver a inicio)


 

 PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE JUAN JOSÉ BORREGO EN AGUADULCE (SEVILLA
28 DE AGOSTO DE 2009


De izquierda aderecha Jesús Quintero, Juan Pastor,
Juan José Borrego  y Joaquín Benítez

Juan José Borrego y Joaquín Benítez, alcalde de Aguadulce (sevilla)



Enrique Álvarez, Manuel Ballesteros, Carlos Pujol (Foto:Joan Roca

PRESENTACIÓN DEL LIBRO:
AL OTRO LADO
DE MANUEL BALLESTEROS
Dia 26 de octubre de 2009 en el Ateneo de Barcelona

 

(Volver a inicio)


IMÁGENES CON CON MIGUEL HERNÁNDEZ AL FONDO
(História gráfica del año 2010)

   
   
   

 

 

 


Ricardo Ruiz

 

 

 

 

 

 

 

 
Número 202 de DEVENIR

 

 

 

 

 

 

 


M!aría Antonia Ortega en la presentación del libro en Burgos

 

EL ARTE COMO ALIMENTO
RICARDO RUIZ

 Nuestra civilización progresa de una manera tan vertiginosa como alarmante hacia una sociedad de tecnócratas y gestores del utilitarismo en perjuicio de una sociedad de humanistas. Los intelectuales ya no son los sabios, los pensadores o los filósofos; ahora los intelectuales son los cocineros, los asesores de imagen, los profesionales del shown business y los gestores del glamour. El valor de la cultura se mide por el interés turístico y gastronómico, por las colas en las puertas de los museos y por las ventas millonarias de libros de autoayuda. Los nuevos intelectuales han convertido la divulgación cultural en vulgarización y espectáculo mediático.
Hoy se confunde la solidaridad con la piedad y el compromiso con la demagogia. No se globalizan la cultura, la educación y las ideas; se globaliza el dolor, la violencia y la estupidez humana. Desaparecida la censura política, existe otra clase de censura, más tenue, aparentemente menos cruel, pero más perversa. Es la censura empresarial. El nuevo “Gran Hermano” que todo lo vigila, lo controla y lo programa tiene un rostro más amable, más sonriente, más glamuroso, pero su objetivo es más cruel y perverso. Los nuevos intelectuales idolatran al afable monstruo porque alimenta su vanidad, su mezquindad y su ego.
¿Dónde quedan entonces aquellos valores, aquellos ideales, aquellas convicciones de quienes defendieron el pensamiento libre, la posibilidad de pensar, de discrepar, de discernir? ¿Dónde están la moral, la justicia, la generosidad, la educación…? El director de cine Ridley Scout alertaba de este peligro en una reciente entrevista. “Me pregunto –decía- cuánta gente con moral queda hoy en día”. Lúcido y contundente se mostraba también el viejo y sabio profesor Emilio Lledó cuando en otra entrevista advertía: “Creo que ya no tiene tanta importancia la libertad de expresión, el poder decir lo que se piensa, porque lo interesante, lo creativo, lo pedagógico es poder pensar lo que se dice, poder pensar; sencillamente, tener la mente suficientemente luminosa”. Es algo parecido a lo que hace años aventuró Machado al decir que “la verdadera libertad no nos la jugamos cuando podemos decir lo que pensamos, sino cuando podemos pensar lo que decimos”.
El problema de fondo de nuestra civilización no es tanto el terrorismo, la violencia, la sumisión a una bandera o el fanatismo religioso, político, territorial o lingüístico (que en el fondo son una consecuencia del problema); el problema es la ignorancia, la pobreza mental, la ausencia de cultura, la falta de educación, de ética y de moral… El empobrecimiento de la cultura, el papanatismo ilustrado, ha establecido un nuevo escenario en el que el mundo parece más oscuro y más mezquino.
¿Hay entonces alguna salida, alguna forma de esperanza que nos salve del desastre? La felicidad no existe, pero existen ráfagas, instantes, momentos de extrema dulzura, que no nos hacen más felices, pero sí menos infelices. Una especie de agridulce esperanza, de trágico vitalismo, de fatalismo luminoso.
Nos alimentamos de pequeños milagros cotidianos y de pasiones aparentemente inútiles, como la poesía por ejemplo. Pero sin ellas la vida es más sucia y más fría. La poesía -no nos engañemos- no puede salvar el mundo, pero lo hace más soportable. Es una forma de conciencia, un ejercicio de rebeldía y de conocimiento.
Quizás nuestro único alimento, nuestro único consuelo, sea una actitud insobornable hacia el arte, hacia el compromiso con la palabra, hacia la independencia creativa, hacia la denuncia de la manipulación para salvarnos del cataclismo. Algo así como el frenesí de la reflexión y el pensamiento.
No podemos abdicar de esos pequeños milagros que nutren nuestros sueños: el arte, la creación, la palabra, la lectura… El arte sirve para vivir porque nos ayuda a sobrevivir. Y podemos sobrevivir gracias a la Educación, la Cultura y un nuevo Humanismo que considere el arte como un alimento. Aunque les pese a los cocineros del pensamiento utilitario y mezquino, nosotros podemos, y debemos, amasar nuestro propio pan para alimentarnos y sobrevivir al naufragio. 
  (Volver)                  (Volver a inicio)

RICARDO RUIZ
Madrid. 2 – Abril - 2008       

 RICARDO RUIZ (Burgos. 1963). Ha publicado en la colección DEVENIR POESÍA los libros: Kilómetros de nostalgia, Tatuajes y Estación lactante.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL DESVÍO DEL OTRO
ERNESTO GARCÍA LÓPEZ

Hace ya más de 10 años el colectivo poético Alicia Bajo Cero de Valencia (en boca de uno de sus poetas mayores, Antonio Méndez Rubio) decía que «hablar del mundo es proponer un mundo». Un libro de poesía encierra, a mi juicio, dentro de sí un mundo y lo quiera o no negocia y transacciona con ese otro mundo que le rodea. No en vano la palabra, como nos recordara el psicólogo bielorruso Vygotski, es un «microcosmos de conciencia humana». Por eso, hablar de un libro de poesía que está en el mundo es también proponer un mundo.
El mundo de mis versos intenta ser fragmentario y colectivo, como hilachas transparentes que tejemos entre todos y donde nos vamos enredando sin querer. En él habitan la periferia de Madrid y de París, las calles del barrio donde vivo, los días compartidos con mi compañera, peleados minuciosamente contra el deterioro y el egoísmo, la pintura, los momentos felices vividos con mi familia, mis amigos, los compañeros de trabajo, también la indignación hacia mucho de lo que observo, pues no sé qué les parecerá a ustedes pero me a mí me espanta. En él habitan todas esas contradicciones que nos impiden dormir y que, incluso, nos convierten en seres mezquinos y otras veces luminosos. Intuyo que en él habitan las luces y sombras que todos llevamos dentro de nuestra camisa.
Desconozco si por elección o herencia educativa, soy de los que opina que cuando un poeta saca a la luz un texto es ineludible tomar partido, esbozar las líneas maestras de lo que algunos denominan «poética» y otros, simplemente, «trabajo». Hay poetas que detestan la reflexión metapoética, por entenderla impostada y falsaria, ajena al propio poema, yerma. Otros en cambio consideran que el devenir poético bebe y necesita, en gran medida, de la reflexión teórica. Más allá de unas u otras posiciones, considero que las poéticas son imprescindibles porque nos enseñan que la producción literaria no es ajena al territorio del conflicto y la disputa. No me refiero a las riñas más o menos emboscadas de grupos, grupúsculos, pandillas y/o maras literarias que campean en nuestro escenario cultural. Me refiero al hecho del conflicto en sus dimensiones social, filosófica y política. Si como decía Gramsci la cultura dominante es la cultura de la clase dominante, las poéticas hegemónicas vienen a traducir en buena medida, los «sentires» estructurales de los grupos intelectuales dominantes, los poseedores del capital simbólico colectivo. Ahora bien, no voy a ser tan ingenuo como para pensar que los discursos poéticos dominantes son una mera traducción mimética de las oligarquías del poder social y económico, pues hemos de tomar en consideración la advertencia que ya nos hiciera Bourdieu cuando recordaba que «los intelectuales son, en cuanto detentadores del capital cultural, una fracción (dominada) de la clase dominante». Ahora bien, cuando un libro sale a la luz está obligado a confrontar su mundo con el resto de mundos existentes, disputar la arena simbólica tomando como puntos de partida su conciencia individual y su proyecto ético-literario.
Si echamos un vistazo a la poesía española durante los últimos veinticinco años nos encontramos que, por encima de las múltiples evoluciones personales de numerosos y excelentes poetas, y a semejanza de los recientes resultados electorales, ha existido una especie de «tsunami bipartidista» en términos poéticos. A un lado nos encontraríamos con el discurso figurativo, realista, experiencial, civil, próximo al proyecto ilustrado, racional, cuyo principio de realidad acercaba sus costas al ámbito de la normalidad, la confidencia y el testimonio. Al otro el proyecto del silencio, de la introspección, de la vanguardia, de la videncia, del irracionalismo, del hermetismo, del principio del lenguaje cuyo rostro se proyectaba más hacia la tradición ideacional, mallarmeana, simbólica y abstracta. Durante mucho tiempo este enfrentamiento expulsó a las márgenes de la historia editorial a numerosos libros que perecieron en el fuego cruzado, y que apenas tuvieron oportunidad de ser por cuanto no participaban de esa confrontación dual. En mi caso me siento desertor de ambos bandos, aunque no puedo negar que muchos de sus ecos laten todavía en mi trabajo poético. Afortunadamente desde hace un tiempo ya este panorama parece superarse. Nuevas propuestas, nuevas apuestas, nuevos libros (muchos de ellos de autores jóvenes y también consagrados) vienen a ventilar un recinto demasiado viciado. Ahí están los poemarios de Eduardo García, Vicente Luis Mora, Pablo García Casado, Agustín Fernández Mallo, Marcos Canteli, Julieta Valero, Diego Doncel, Oscar Curieses, Elena Medel, Mercedes Cebrián y un largo etcétera que suponen una renovación en la manera de decir y en el contenido de la última poesía española. Humildemente «El Desvío del Otro» intenta seguir esa estela distanciándose del tsunami bipolar del que antes daba cuenta.
Sin embargo, distanciarse no significa resolver los dilemas y disputas que allí se dieron. Decía Mallarmé que «sólo dos vías están abiertas a la investigación mental: la estética y también la economía política». Si en un ejercicio de simplicidad, tratásemos de equiparar «estética» a la esfera del lenguaje, y «economía política» a la esfera de la realidad, nos encontraríamos que lejos de ser mundos aislados el uno respecto del otro, más parecen mundos conectados el uno con el otro. Me siento claramente deudor de este enfoque, pues considero que ambos continentes alimentan la conducta personal y social. El libro que hoy presento intenta ser un territorio simbólico donde se confrontan ambas visiones. Créanme si les digo que la autonomía del lenguaje, la libertad irracional, conviven dentro de mis actos con la misma intensidad que la actividad económica, el reflejo de lo cotidiano, las luchas sociales o la palabra experiencial.
Tradicionalmente la poesía ha sido considerada el territorio de la intimidad, de lo subjetivo, del yo en definitiva. Mas siempre tal y como lo expresara el antropólogo Michael Carrithers «Aprender, convivir y actuar en la vida social común (y la literatura no deja de ser una forma de convivir y actuar en la vida social común) hace todo con, a través, por medio de y frente a otras personas. Aprender, convivir y cambiar el mundo social es algo que se hace entre personas, no en el interior de ellas». Yo creo que la poesía, aunque también puede contribuir a modificar el interior de las personas, no es ajena a esta advertencia. Quizá por eso los mapas de la alteridad y la individualidad son escenarios que me preocupan y están presentes en mis versos. Son igualmente un territorio de disputa. Por ello creo que la poesía es un ejercicio de mutualismo, de conectividad, que implica por igual a lo subjetivo y a lo colectivo. Ambos mundos son los protagonistas del libro.
Pero hablemos ahora del propio acto de escribir. De su «modus operandi». Según Juan Eduardo Cirlot en su ya clásico Diccionario de Símbolos, en la antigua Escandinavia los exiliados se llevaban las puertas de su casa, y en algún caso las tiraban al mar y recalaban allí donde esas puertas encallaban, de ese modo se fundó Reykjavik en el 874 D.C. Esta es, valga la comparación, un modo como otro cualquiera de volver a empezar, y en cierta medida cada libro es un volver a empezar. En el caso de los exiliados escandinavos las nuevas colonias tomaban como punto de partida las puertas de las casas de donde esos mismos exiliados procedían. Es decir, lo nuevo a partir de lo viejo. En este libro he intentado justo lo contrario. Olvidarme por completo de mis versos anteriores y tapiar las puertas de sus casas con el anhelo de fundar nuevas colonias no necesariamente herederas de su metrópolis. El «Desvío del Otro» no ha sido un plan trazado, no ha tenido vocación de ordenar nada, de refundar nada, sino de investigar y abrir incertidumbres a partir de una veladura de lo hecho anteriormente. Eso no significa negar los libros anteriores, pero sí distanciarme de ellos y asumir la mayor cantidad posible de abandono, con el deseo de acceder a nuevos mundos imprevistos. No quiero sentirme propietario de grandes certezas, sino más bien de dudas, de modo que cada libro suponga desengastar lo aprendido y someterlo al hábito de la incertidumbre. Ese es para mí el sentido de escribir.
Y ya para acabar me gustaría traer a colación unas palabras de Sartre que siguen constituyendo la médula esencial de mi proyecto poético. Decía el filósofo francés que «A todos los que se toman por ángeles, les parecen absurdas las actividades de su prójimo, porque pretenden trascender la empresa humana al negarse a participar en ella». Yo no quiero trascender la empresa humana y, muy al contrario, espero que mi trabajo lejos de negarse a participar en ella lo haga de manera decidida y solidaria, pues la belleza, a fin de cuentas, es un don que se conquista con las manos.
Gracias.              (Volver)          (Volver a inicio)
 
ErRNESTO GARCÍA LÓPEZ
Madrid, a 24 deabril 2008
 

SOBRE LA POLÍTICA POÉTICA DE LA UTOPIA
Texto de Iván Vergara, publicado en el blog: "La firma del caracol"

¿QUEREMOS LECTORES, O QUEREMOS COMPRADORES DE POESÍA?

 El jueves 11 de diciembre se clausuraron en el céntrico, y ya mítico, espacio cultural La Carbonería, los festejos por el veinticinco aniversario de la editorial madrileña Devenir. Se realizaron una serie de lecturas, presentaciones y coloquios en torno a la edición, creación y difusión de la poesía, las actividades se realizaron en siete ciudades del territorio español, actividades por las que pasaron autores como Carlos Alcorta, Alberto Santamaría, Ángel Ballesteros, Sara Mesa, entre otros. 
 
          

En el evento de clausura, Juan Pastor, coordinador de los eventos, reunió a un selecto grupo conformado por escritores, editores y representantes de la Junta de Andalucía, que discutieron en torno al tema: La política poética de la utopía. La mesa de debate comenzó con una exposición en torno al término "utopía", por parte del poeta Rafael de Cózar (Tetuán, 1951); entre sus postulaciones en torno al quehacer del poeta y su papel como eterno utópico, despuntó una preocupación hacia el quehacer político, hacia la motivación de las entidades gubernamentales y su apoyo (o no apoyo) al quehacer poético, ¿es verdad que los políticos hacen que creamos en la utopía?, comentó De Cózar; en la Utopía de Tomás Moro, nos presentan estas islas donde impera una armonía y paz total, y donde los políticos desempeñan una función aristócrata con elementos democráticos, para repartir los bienes y poderes de manera ecuánime ante la población. La pregunta se debate entre la identificación desempeñada por la oligarquía actual y qué compromiso deben aceptar ante el otro, en este caso el creador, editores y distribuidores de poesía. El problema ante tal utopía no se encuentra ya ante el uso de los órganos políticos, sino ante un sistema que extiende abismos, rebasa poderes estatales, culturales y sociales, bajo las normas estrictas del mercado y el capital. “La utopía es una realidad imposible, sino no es utopía”, añade el poeta Rafael de Cózar, más la cuestión que queda en el aire es el lugar, utópico o no, que ocupa el panorama cultural español ante las financiaciones que otorga el estado y la repartición de las mismas.

Antonio Barquero (Córdoba, 1975) abrió la línea de debate hacia el trabajo que realiza la Conserjería de Cultura en el ámbito de desarrollo de proyectos, tales como: festivales y eventos literarios, ayuda a la edición, fomento a la lectura, y otros. En torno a estas actividades, más precisamente hacia el trabajo desempeñado por la institución, discurrieron las intervenciones de Francisco Vélez Nieto (Lora del Río, 1935) y Juan Pastor (Murcia, 1949). “Editar poesía es una utopía” sentenciaba Vélez Nieto, mediando entre el papel del escritor y el de ser miembro a la vez de una institución, Juan Pastor por su parte, mencionaba el origen y el destino de tales ayudas, y como él ha podido sobrevivir durante más de dos décadas dedicándose a la poesía, recibiendo y formando, a su manera, parte también de ese sistema.

         

La charla movió distintos argumentos en torno a lo utópico, a la política y su papel ante la cultura, y finalmente a la poesía en medio de todo ello como la gran víctima. En algún momento, pensé en esas utopías que aún tenemos por delante, y todas aquellas otras utopías que hemos dejado atrás. Por que es verdad, la utopía deja de serlo cuando se vuelve realidad, entonces se convierte en parte del sistema social, se convierte en costumbre, no en mito. Pensé en aquella utopía que tuvimos décadas atrás, de encontrar un sistema de libre comunicación, que fuese gratis, que pudiera llegar a cualquier parte del planeta y por el cual la gente pudiese encontrarse y comunicarse con cualquier persona del planeta en tiempo real. Esa utopía se convirtió en una realidad, y hoy ha dejado de serlo, hoy es parte del sistema, hablando de sistema como alegoría del organismo (ser) humano, y gracias a ella muchas otras utopías comienzan a ser algo tangible, si podemos decir esto de algo que nazca, viva, se reproduzca y muera en un mundo virtual, inexistente, pueda ser llamado así.

Quizá en estos momentos hayamos alcanzado ya esa utopía necesaria para distribuir, crear y editar poesía con canales que antes no poseíamos. Es verdad que ya es posible editar un libro en distintos formatos, si nos interesa el mundo digital y las aperturas que nos ha proporcionado, es sencillo dirigirnos a bubok.es  para elegir las distintas modalidades de edición, y con la oportunidad de ser impreso y enviado a distintos país. También es notable la cantidad de editoriales jóvenes que publican, bajo cuidadosos criterios, poesía de distintas latitudes, favorablemente de poetas jóvenes y noveles, en España podremos mencionar a La Bella Varsovia, Cangrejo pistolero ediciones, La Garúa, SIM Libros, todas ellas editoriales con no más de cuatro años y andaluzas. Los canales de difusión y distribución se están modificando, es notorio el cambio desde la manera de distribuir ejemplares de libros poesía, de las presentaciones en los recitales y la manera de editar, siendo algunos ejemplares de estas editoriales,  auténticas creaciones artísticas de bajo coste (Editoriales cartoneras, libroartista.org). Para que estos proyectos sean sostenibles deben contar con el apoyo privado, institucional o una manera de autofinanciamiento que mantenga la editorial, revista, o evento literario a flote. Antonio Barquero fue contundente en su intervención en el sentido de que sus estadísticas denotaban un claro apoyo no sólo a la lectura, sino del trabajo primero que significa alfabetizar a la población, después de ello el que programas de lectura funcionen, sean constantes y tengan un cauce correcto son una prioridad; por parte suya, hemos tenido apoyo para la organización de nuestro recital RCA 08, así que viniendo de una realidad social donde las cosas son demasiado abismales (ciudad de México), creo deberíamos comenzar a aprender y escuchar del otro para que estos proyectos sean una realidad sostenible.

El trabajo del político en el apoyo a la cultura verdaderamente es otro, no son pocas las personas involucradas en la gestión cultural andaluza interesadas en el apoyo a proyectos, donde deberían incluirse también los esfuerzos independientes de mecenas, salas culturales y asociaciones, entre otros. Rafael Cózar pronunció “Hoy la cultura no depende del gobierno, sino del mercado”, es ahí donde el creador, el editor, el distribuidor de cultura debe poner los ojos con cautela; por un lado, las ayudas de los distintos organismos pueden ser obtenidas con un proyecto sostenible y bien encauzado, en teoría debería tener buenos resultados. El problema radica cuando este gran colectivo en torno a la cultura limita su acción a los resultados obtenidos por la gestión política, a la espera de recibir apoyos que en muchas, la mayoría de las ocasiones, es probable que no lleguen. Esto, no debe ser culpa exclusiva del político, ni mucho menos, es la labor y un compromiso nuevo el gestionar medios suficientes para hacer sostenible una empresa cultural.

Al final la pregunta que entre poetas, editores, distribuidores debemos responder es la siguiente ¿queremos lectores de poesía o queremos compradores de poesía?. En una sociedad como la nuestra, la actual, buscamos vender, ser exitosos, trascender, ser figuras literarias. ¿Es esa la manera adecuada de actuar para que respondamos a la anterior pregunta? Creo que hay que ser claros, y ser fiel a la idea que nos motive al trabajo literario, por lo menos saber que para obtener ese éxito hay que ser concientes de lo que tendremos que vender, o qué tendremos que asimilar del sistema para obtener esa trascendencia, con el riesgo de caer en pretensiones encauzadas hacia la necedad. Francisco Vélez Nieto realizó un comentario que se acercó al origen de este par de preguntas “hay que poner por ejemplo la Guerra y Paz, de Tolstoi, acabo de ver que tiene por lo menos siete distintas ediciones, no pasa de moda”, cada obra, cada autor será juzgado por futuras generaciones, no seremos nosotros.

Caminos hay para responder ambas preguntas, el problema sería señalar un culpable y dejarlo todo “a lo que dios quiera”. Eso no es cuestión que sepa responder ningún político, pero quizá sí una utopía que desde hace mucho tiempo debimos abandonar. (Volver)          (Volver a inicio)

Ivan Vergara
Sábado, 20 de diciembre de 2008.
Texto publicado en el blog: "La firma del caracol"




Vicente Aleixandre

 

►(Subir) 

 

 

 

 

 

 

  

 


Vicente Aleixandre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Antonio Quintana
en Córdoba en el homenaje que DEVENIR inició el pasado mes de mayo

 

 

 

 

 

 

 
García Baena y Javier Lostalé en el homenaje de córdoba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Vicente Aleixandre con los jóvenes

 25 AÑOS SIN ALEIXANDRE
La barca de los locos. Memorias de un joven de provincias

Antonio Quintana 

Cuando a cualquier niño del mundo en que vivimos se le pregunta, que le gustaría ser de mayor, suele contestar que: astronauta, bombero, futbolista, o vete tu a saber que fantasía, yo siempre supe que quería ser pintor a pesar de haber nacido en un pueblo y las únicas pinturas que conocía eran la de los cuadros de la parroquia. Tenía la ventaja de haber nacido en una familia de artesanos con lo que mis genes posiblemente estuvieran dotados con la semilla del don de la creatividad.
Con apenas diecisiete años llegue por primera vez a Madrid con la férrea idea de aprender a pintar y ese fue mi empeño durante este primer tiempo que yo llamaría mi primera etapa.
Sería después de haber cumplido lo que entonces era inevitable, el servicio militar, cuando volví de nuevo a la capital de España, también imprescindible para cualquier joven de provincias que ansiara navegar en esa barca de los locos que es el mundo farandulero de las llamadas gentes del arte.
Con 21 años recién cumplidos, fortuitamente se había hecho realidad mi infantil deseo, vivir entre la gente que me gustaba, aunque estos que  ahora eran mis amigos no eran pintores, sino fabuladores, poetas, todos amigos del ya mitificado Vicente Aleixandre, a veces los escuchaba hablar de él con cierta sana envidia.
No tardaría mucho en interesarme, seguramente por contagio, el mundo de las letras y en el años 1973 publiqué mi primer libro: El ojo único del unicornio, que fue Accesit del Premio Adonais de poesía, recuerdo que la editorial Rialp me dio algunos ejemplares para firmar, entre los que había uno destinado a Aleixandre.
Por aquel tiempo era yo alumno de Carlos Bousoño en las clases que daba en la universidad sobre estilística y poesía contemporánea; a la salida de una de esas clases me diría el profesor y amigo: ayer fui a visitar a Vicente Aleixandre y estuvimos hablando de tu libro, hizo de el muchos elogios, deberías llamarle por teléfono, el recibe a muchos poetas jóvenes.
Así lo hice y pasados dos días, a las cinco en punto de la tarde, como en un poema lorquiano estaba yo empujando con cierta inquietud la verja de Velintonia 3. No pude evitar curiosear un poco por aquel jardín un tanto bucólico que ya conocía de antemano en blanco y negro, por unas imágenes grabadas que había visto en casa del también amigo y poeta Pepe Hierro en donde aparecía con su familia visitando al maestro, que junto a su perro Sirio (todos los perros que tuvo Aleixandre, creo recordar que eran cinco, se llamaron así) miraba bailar a dos niñas.
El color y la desnudez, era invierno, daba otra dimensión a aquel lugar que haciendo par con la casa me parecía un tanto decadente y misterioso en su silencio de pájaros; cuando me decidí por fin a llamar al timbre de la puerta me abrió una sirvienta que sin decir palabra me hizo esperar en un salón que hacía de hal en donde en sitio preferente descubrí una gran cabeza, un impresionante retrato de nuestro Premio Nóbel firmado por Jon Ulbrichp, en el que destacaban con un brillo especial sus inteligentes y penetrantes ojos de un azul intenso, que desde aquél día se ocuparían de darme la bienvenida cada vez que volvía por aquella casa.
Aún contemplaba yo el retrato cuando volvió la misma sirvienta que me hizo pasar a una salita muy luminosa en donde destacaba un gran librería gratamente desordenada; (en una ocasión, después de haber recibido el Premio Nóbel, me contaría Aleixandre que en la visita que le hicieron los Reyes de España le diría la Reina Sofía: que interesante, una librería desordenada, como a mí me gustan, y que el le respondió: pues aquí tiene Su Majestad un buen ejemplo. Yo añadiría: que muy leída y acariciada).
Descubrí a Aleixandre tumbado en un alargado sofá del que se incorporó para saludarme con una amable sonrisa, después me ofreció un asiento muy cerca del suyo, decía que necesitaba hablar con la gente mirándola a los ojos por donde suele fluir el interior de las personas, le gustaba citarte en solitario y así, empapándose poco a poco de lo que manaba de ti acababa haciéndose partícipe de tu vida.
De esa primera visita recuerdo especialmente dos cosas, me diría : a esta casa vienen dos tipos de personas, unas que vienen por primera vez y no vuelven y otras que se quedan como amigos, espero que seas de estos últimos. Cuando me acompañaba hasta la puerta como solía hacer con todo el que iba allí, se paró de pronto y me dijo: ¡me recuerdes a Lorca! , yo esperé sorprendido a que me dijera en qué. – No, no es en la poesía que escribes, tampoco físicamente, es en la actitud, en esa alegría juvenil y ese acento andaluz - . Yo, que era muy joven, aún conservaba con cierta pureza el acento de mi Iznájar natal.
En cierta ocasión escuché decir a un “iluminao” que los pintores éramos gente burda, sería por eso, que yo anduviera un tanto “desarrapao” en cuestiones literarias, gracias a los cursos, creo que fueron tres, que hice con Bousoño, me puse al día en estas cuestiones y pude adentrarme así, con cierto desparpajo, en el mundo de la generación del 27 que, dicho sea de paso, había investigado en todos los estilos y experimentado en todas la técnicas, sería el superrealismo , como le gustaba llamarlo a nuestro Nóbel quien atrajera mi atención, primero Poeta en Nueva York de Lorca y después Espadas como labios de Aleixandre, y de este libro un poema, el Vals, por esa lagrima en la que se sentaban las damas entré yo en el mundo mágico en donde se fraguó mi primer libro, El ojo único del unicornio. Sin el surrealismo no hubiera sido posible mi primera poesía, aunque no era surrealista, fue también el responsable de que yo me convirtiera en un poeta isla.
Por aquel tiempo había yo dejado de asistir a Bellas Artes, para como a la antigua usanza entrar de aprendiz en el taller del que para mí era el más grande pintor que conocía y al que siempre agradeceré todo lo que me enseñó en técnicas, trucos y cocineo de pintor. Se llamaba Antonio Quirós, había vivido media vida en París, en donde se refugió como republicano que era, después de la Guerra Civil; el Santanderino había vuelto no hacía mucho tiempo a Madrid, y atrapado en la luminaria de la fama y el éxito no tardaría incoherentemente en hacerle un retrato al Rey del que solía presumir. Un día, estando en el estudio que tenía en un barrio céntrico y privilegiado de Madrid, hablando de la posible influencia del surrealismo francés en los pintores y poetas españoles, me diría en un esabructo : ¡estos del 27 son todos unos “plagioteros”!, inmediatamente después intentó convencerme de que Shakespeare era español, lo que me hizo dudar seriamente de sus conocimientos literarios.
Se lo conté a Aleixandre pensando que le iba a divertir, pero no le hizo ninguna gracia. – Es un Sambenito que nos han colocado, diría, pura casualidad, es un tema que creo ya he aclarado en diferentes ocasiones, y con esta metáfora saldó el asunto: Si se plantase la misma semilla al mismo tiempo en diferentes partes del mundo, lógico es que también al mismo tiempo  diera la misma flor.


Vicente Aleixandre sentado y acompañado de izquierda a derecha por: 
Javier Lostalé, Ramón Mairata, Eduardo Calvo, Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Viena


ALEIXANDRE Y EL FLAMENCO

Muy poca gente sabe del gusto de Aleixandre por esta modalidad del arte pues raramente lo manifestaba y es posible que a mí tampoco me hubiera hablado del tema si yo no me hubiera confesado como si de un pecado de juventud se tratara que mis primeros escritos de adolescente fueron letrillas de tres versos para cantar por soleá. Hombre eso es muy interesante, me dijo, ¿me podrías traer algunas? Me gustaría leerlas. Y así fue, en la siguiente visita seleccioné algunas soleares de cuatro versos, de tres, y solearillas, y se las estuve lleyendo, él, atento a la lectura, me hacía poner una señal en las letras que le gustaban:

    “Pa” esta cosa que me j´hiere
    da me paciencia, “Díos mío”,
    que me come y que me bebe
    algo que hay en mi dormío.
    
    No se lo que me ha pasao
    que me dejaste una cosa
    de perrillo acariciao.

En mas de una ocasión volvimos a tocar el tema y le volví a traer letras de otros palos que pacientemente escuchaba y me ayudaba a seleccionar. Era un gran conocedor del Cancionero de Demófilo y le gustaba el cante antiguo, me habló de la Niña de los Peines, Pepe el de la Matrona, Tío Luis el de la Juliana, primer cantaor conocido y cumbre en la historia del cante j´hondo de su época, que cantó como nadie entre otros la toná, cante arcaico y difícil entre los cantes.
En una ocasión me dijo que le gustaban los temas marineros, y le llevé unas alegrías de Cádiz, que como siempre estuvimos seleccionando, al llegar a una que le gustó especialmente me dijo: ¿porqué no la entonas un poco?, las letras a veces ganan o pierden según se cantan. Yo no fui nunca un buen cantaor de flamenco, pero tenía buena voz y sabía entonar un poco, así es que comencé con el tirititrán de rigor y al llegar a la copla sin echar cuentas subí el tono y la cante entera, apenas había terminado cuando apareció la sirvienta con cara de circunstancias y dijo:  ¡Don Vicente, no olvide usted que tiene que merendar y tomarse la pastilla!  Y Don Vicente, perdiendo la paciencia, dijo: ¡Qué merendar ni merendar, si ya he merendao, haga el favor de dejarnos en paz! A los pocos días volví por la casa y me encontré con su hermana Conchita, que vivía con él y a la que aún no conocía, y al presentarme le dijo: este es el energúmeno del otro día. ¡Ay! Perdona hijo mío, dijo Conchita como disculpa, pero como en esta casa nunca canta nadie ...., al escuchar aquel vozarrón pensé: este energúmeno le va a dar la lata esta tarde, pero luego al verte salir dije: ¡Anda, pero si es muy poca cosa!
Aleixandre ya había publicado algunos poemas que dan fe de su gusto por lo popular en el libro Poesía y flamenco del poeta argentino Anselmo González Climent.

Flores y unas macetas. Y unas rejas tramadas. En un vasto dominio.
Los brazos se alzan. Toro, toro, ¡embiste!... de Poemas Varios.
Toro – Espadas como labios.

María la Gorda, de Retratos con nombre.

Esta que veis pasar María la llaman,
“María la gorda”.
Nació en la boca misma
de una cueva en Granada.
Quiso ser bailaora. Más cuan pronto
carnes echó, y su estilo aún bello en solos brazos pudo
arder, llamear. Quieto su cuerpo torpe envía
esos dos brazos como llamas ávidas
que allá en el Albaicín quemaronse, y aun duran.

Duran, pues fue María, cuando en la noche venal pídenle juerga,
baila tan solo con inmóvil cuerpo.
Mas cuando vida envía por los brazos,
por las manos leales, y allá suenan.
“María la gorda”, estilo solo, pálpito,
condenación y luz mejió en las brasas
cuando su pelo se enredaba en cobres,
por los morenos brazos, y allí ardía.

Todo tu bulto ardía, carbón todo
como una mole de color quemado,
y un humo lento por la cueva sube
solemne, desde el hogar que es ella, crepitando.
María fuerte pisa, y salta la chispa de ese suelo lívido,
los palillos enfunden más que olor, pues crujen,
y algo que no es esencia sino nombre
profundo, por debajo del pie gime y se calla.
Calla. Hay un rostro pisado por ese pie, y el baila
sobre los ojos, y una mirada toda del vivir él siente
bajo su planta. El pie y su ciencia.
La mirada del mundo está en su tacto,
Pues sobre una mirada baila, y pudo.

Tardía el alba ahora regresa, y gime.
¿A quién? ¿De quién? El baile esta acabado.
Carbón el pelo, aún. Los brazos yertos
ceniza están. María, ropa muerta.

No quiero decir con esto que en Aleixandre influyera lo popular de la misma manera que lo hiciera en compañeros de generación como Lorca y Alberti, sólo quiero anotar un registro más en el vasto mundo de su lírica.
Entre otras características como la inteligencia, bondad, capacidad de asombro, estaba su generosidad. Conmigo fue especialmente generoso, no solo en cosas materiales si no en asuntos más sutiles y complejos que otra persona que no fuera él posiblemente no hubiera podido entender, por eso y otras razones le guardo una eterna gratitud.
Por aquella época trabajaba yo para una galería de arte con la que tenía un contrato privado, Sala Monzón, Velázquez, Madrid. El dueño, Pepe Uría, me propuso hacer una carpeta de grabados ilustrando poemas de Aleixandre, cuando se lo comenté le pareció una buena idea y me ayudó a elegir los poemas, eran del libro: Poemas de la consumación, total once, que copió a mano y firmó, como también firmó los 500 ejemplares de tirada de edición. Estos galeristas sólo piensan en sacar tajada, lo hago sólo para ayudarte, me diría. Otro día me permitió hacerle unos apuntes a lápiz de los que le hice un retrato al óleo que le quise regalar, aunque el se empeñó en pagármelo: los jóvenes tenéis muy poco dinero, me diría. Cuando al final logré que lo aceptara a cambio de una antología de su obra poética que acababa de salir; al llegar a casa me encontré con un talón bancario con cierta cantidad entre las páginas del libro y una nota que decía: Como ayuda para el viaje que piensas hacer. Yo le había comentado que tenía el proyecto de hacer mi primer viaje fuera de España, Paris y Ámsterdam, para ver museos.
Son solo dos ejemplos de los muchos que podría contar. Aleixandre vivía nuestras vidas y nosotros de alguna manera la de él en estas visitas que cada una de ellas solía convertir en una experiencia inolvidable.
El tiempo inexorable llegó a su limite, una aciaga y fría mañana día 14 de diciembre de 1984 sonó el teléfono, era Clara Miranda, mujer de Claudio Rodríguez, para comunicarme que Vicente Aliexandre había muerto esa madrugada en el Hospital Santa Elena, muy cerca de Velingtonia 3, en donde había sido internado de urgencia. No estuve en su casa pero sí en el cementerio de la Almudena en donde se celebró el funeral, siendo enterado en el panteón familiar. Vergonzantemente no hubo ninguna representación oficial.
Nunca más volví por Velingtonia 3, la casa la volvería a ver no hace mucho tiempo en un programa de televisión, desposeída y casi en ruinas en una triste polémica de herencias.
El retrato de Yon Ulbrichp lo sigo viendo cada vez que voy a casa de Carlos Bousoño en su sitio de honor desde donde me sigue dando la bienvenida.

Antonio Quintana              (Subir)          (Volver a inicio)