Presentacion de dos libros de Devenir en el Ateneu Barcelones


Cartas apócrifas de Antonio Beneyto y La mirada desobediente de Adriana Hoyos
26 de febrero de 2014 en Barcelona
Por Francesc Cornadó
 
GaleríaAntes de entrar en los dos libros y en sus autores, quiero agradecer la valentía de Juan Pastor, quiero dejar constancia de mi admiración a su actitud heroica, hoy, por el esfuerzo que supone mantener a flote una nave como es su editorial Devenir, que navega por un  mar proceloso donde las tormentas son constantes, pertinaces y muy bestias. Ahora publica los volúmenes 251 y 255 ¡más de 250 títulos!
Soy un antirromántico militante que continuamente se tiene que rendir ante actitudes y comportamientos tan románticos como el de Juan Pastor. A él mi admiración.
Me satisface mucho presentar estos dos libros, sus autores, Adriana Hoyos y Antonio Beneyto son, los dos, grandes amigos míos, los aprecio mucho y conozco su obra, por consiguiente, todo lo que yo pueda decir será parcial y mediatizado por el sentimiento de amistad y por lo tanto os pido que no tengáis demasiado en cuenta lo que yo pueda decir, lo mejor será escucharles a ellos y sobre todo leer sus libros. La mirada desobediente y la segunda edición de Cartas apócrifas
Estos dos libros pueden parecer dispares, uno es un conjunto epistolar apócrifo y el otro un libro de poesía, dos formas distintas de aproximarse a la realidad, y dos géneros literarios distintos, aunque de esto de los géneros hay mucho que hablar, pues algunos opinan que ni la epístola ni la poesía son un género literario, yo ni entro ni salgo en eso de los géneros, más bien creo que ni lo uno ni lo otro son arte, quizás sean algo más que arte puesto que la epístola, aunque sea apócrifa es una manifestación de la amistad y la poesía es un artefacto extraño que se encuentra en un estadio anterior al arte, es el nutriente del arte. 
Bien, pues, sin entrar en disquisiciones, diré que eso que tenemos delante, estos dos libros, que en una primera lectura pueden parecer distintos, resulta que contienen muchos puntos en común. Se trata de la obra de dos artistas que fundamentan su expresión artística en la imagen. Beneyto es el más genuino representante de la pintura postista, es un creador plástico y su mundo es el de las imágenes y Adriana es una directora de cine y su material es la imagen. Son las imágenes, unas las transfiguradas, las apócrifas, las metamorfoseadas, las de Beneyto y las imágenes de los fotogramas, de la acción cinematográfica, de la luz que se fija en el film de Adriana lo que configura el discurso epistolar y el poético respectivamente.
 
Nos encontramos ante dos autores que reflexionan y actúan. Tienen un deimon, un diablillo, en sus dedos que inmediatamente ejecuta lo que su cerebro piensa. Esto empieza a ser, hoy, algo raro. Las nuevas tecnologías nos ofrecen instrumentos potentísimos que van anulando esta relación “pensamiento-ejecución”. Parece que con los nuevos artefactos, la acción creativa se va reduciendo a casi nada. Tampoco estoy en condiciones de decir si esto es bueno o malo.
 
Visto el mal negocio de la historia, a lo mejor resulta más positivo que piensen las máquinas en vez de las personas.
 
GaleriaYa vimos cómo con la pequeña calculadora de bolsillo íbamos perdiendo nuestra capacidad de cálculo mental y perdíamos también nuestra facilidad para resolver cálculos aritméticos. Más adelante ya vamos perdiendo la costumbre de interpretar un mapa, cuando queremos ir de acá para allá, no consultamos el mapa sino que vamos al GPS que nos indica el recorrido sin que tengamos que pensar. Ahora ya no se dibuja apenas,  gracias a los programas de diseño asistido con ordenador, a programas como el Autocad, ya muy pocos dibujan, en la escuela de Arquitectura, por ejemplo, la asignatura de dibujo a pasado  a ser una materia residual. Y no digamos en literatura, pues parece ser, que existen unos programas informáticos de generación de argumentos, donde tú introduces algún dato o algún personaje y te componen el argumento, por ejemplo pones una borracha, un ruso y un gato medio muerto y el programa te redacta un cuento con el gato, la borracha y el ruso. También hay programas que te sirven para que vayas perdiendo la capacidad de selección, por ejemplo te vas de vacaciones a Venecia, haces 5000 fotografías y luego al archivarlas, el programa informático, te selecciona las mejores, las archiva y descarta las que considera malas.
 
Vistos los puntos comunes de los dos libros ahora, por orden alfabético, hablo primero de Adriana.
 
LA MIRADA DESEOBEDIENTE de Adriana Hoyos.
 
La poesía de Adriana Hoyos tiene dos cimientos formales donde se fundamenta: la imagen y el sonido.
 
Su poesía se caracteriza sobre todo por la concreción de las imágenes. Son imágenes poéticas que se pueden dibujar, son claras y con sus perfiles perfectamente detallados.
 
Hemos visto como algunos objetos del arte casual, del arte povera o del conceptualismo que cuando son tocados por el artista quedan convertidos en obra de arte. Algo así ocurre con la obra de Adriana Hoyos que cuando dibuja con sus versos una realidad ésta queda convertida en poesía.
 
Esta es la mirada de la poeta, una mujer que sabe pasar la cámara, que con su objetivo encuadra la realidad y luego dice “acción”.
 
No quiero citar a Piero della Francesca, el pintor del quattrocento florentino que se hizo militante de lo objetivo, no quiero decir que esta militancia tan preclara del quattrocento derivó hacia lo psicológico o lo emocional, algunos llegaron a afirmar que dentro de la materia se escondía la sustancia divina y otros, ¡ay pobrecillos!, se hicieron manieristas y el arte pasó a hablar de arte y la poesía pasó a hablar de poesía.
 
Algunos perseveraron en lo objetivo, quiero recordar a Vladimir Holan. Y sin haber citado a Piero della Francesca sospecho que Adriana Hoyos persevera en la militancia de la que hicieron gala los primeros artistas del quattrocento, ella con sus versos es como si fuera pasando la cámara por la realidad y entonces es el objetivo que con militancia mecánica y óptica nos va enseñando la piel de las cosas. Otros verán más allá o más adentro de la piel, yo me quedo con la piel, porque creo como decía Josep Pla que la piel es lo más profundo que tiene el ser humano y que en esto está la poesía. Esto también lo dice mi dermatólogo.
 
En este recorrido de la cámara, en esta mirada de la poeta, encontramos versos tan impresionantes y de tanta concreción como estos del poema La revelación de lo pequeño:
Bajo la mimosa amarilla estalla la vida
Su mirada reposa en mis ojos
la olla en el fuego y la promesa en el hogar.
 
aquí la poeta mira y nos enseña una mimosa y al mismo tiempo, en un juego de espejos replicantes nos dice que hay otra mirada que reposa en sus ojos, y en medio de este cruce de miradas nos presenta el contrapunto tangible: la olla en el fuego. Ahí recuerdo a Vladimir Holan.
 
O en Liturgia de las horas,  recordando a su abuela nos presenta estos fotogramas:
Luego en misa de rodillas y absorta
repetías con fervor
 
O una foto fija en Vigilante el ojo
Tras el cristal una flor
Al fin el pájaro se posa
 
Pero tal como dije, además del rigor de las imágenes, el otro cimiento de la poesía de Hoyos es el sonido.
 
Adriana Hoyos tiene una formación musical importante, sus estudios de armonía y de interpretación han dejado una huella indeleble en su sensibilidad y esto se reconoce en sus versos.
me sostengo en el sonido
en la blancura que llega 
en el cielo que está claro
 
dice en “Vigilante del ojo”
 
o en “Luz de este instante” escribe:
De sonidos rutinarios está hecho este día
para añadir unos versos más abajo,
En el hogar ellos (los sonidos) convocan el fuego.
 
CARTAS APÓCRIFAS deAntonio Beneyto.
 
Hace muchos años que conozco a Beneyto, admiro su obra como pintor, las imágenes de seres-tubérculo, de mujeres-pollo, de figuras oníricas y de las crestas transfiguradas del bestiario, todas van creando un mundo de metamorfosis que lo engulle todo. En Beneyto fue primero la literatura, antes que la plástica, pero ésta permanecía agazapada mordiendo los vocablos desde su madriguera y saltando a la yugular después.  Dejo aparte el universo espacial de su mundo roto. Lo dejo.
Hablo del libro y digo casi lo mismo que diría de su obra plástica pues con sus cartas apócrifas, Beneyto está dibujando 
Esto que escribe 
La luz del foco hacía bailar a la bailarina de cerámica enclaustrada o relievada en el reloj contra la pared
es igual que una pintura postista beneytiana.
 
En sus cartas apócrifas podemos adentrarnos en el mundo roto que decía antes, en lo onírico post-surrealista o mejor dicho en un universo lógico-fobista, de fobia a la lógica o de transmutación, en estas cartas iremos descubriendo el diálogo que establece Beneyto con sus personajes que son amigos también del Conde de Lautreamont o de Michaux o de Alejandra Pizarnik.
 
Pero también podremos escuchar unos sonidos que chirrían:
Como serruchos, sí, como serruchos suenan los violines, la música de Wilanowski, sí, como serruchos a mi espalda.
 
Veremos como las músicas de Zverev o Telemann recorren suavemente los cristales de la ventana azul de Beneyto.
 
Imágenes y sonido como en una película.
 
Su escritura es una reflexión sobre el sentido de la realidad tangible, se mezclan sueños poéticos con duermevelas de formas imaginarias y de personajes que salen de las casetas de la razón.
 
Francesc Cornadó