La gravedad de la poesía de Francisco López Serrano - Javier Lostalé


Por Javier Lostalé

 
La lectura de El último hombre sobre la tierra  nos coloca en el centro de gravedad del ser, en el lugar de intersección de lo cósmico y de lo íntimo, en la radical precariedad de la existencia  hasta  el punto de que la presencia del hombre en el universo carece de sentido, y de este modo su lectura abre dentro de nosotros surcos de rebeldía y de libertad. Las ideas encarnadas(en la poesía siempre hay encarnación) de relatividad, caos, límite, vacío, nada, mundo, azar, origen ,conciencia, instante, eternidad, energía amorosa, fragmentación, disgregación o muerte, se corresponden naturalmente en este libro con términos científicos que, al integrarse dentro del lenguaje poético(ciencia y poesía están muy próximas),prestan   visibilidad a los estados de espíritu, organicidad a lo inaprensible, textura a lo inabarcable, corporeidad   al pensamiento, aliento al misterio  y fecundan la imbricación entre lo  terrenal y lo estelar.
El título, El último hombre sobre la tierra, entraña una visión apocalíptica que impregna los cuarenta y ocho textos, entre poemas y prosas con la misma tensión poética, que integran el libro. Visión que alcanza su clímax en el que cierra el  poemario y que le da título, donde el desafío del hombre al Creador , la ceguera y sordera a la hora de  que aquél viera y comprendiera el mundo, y la muerte como único destino, resumen con acento íntimo huracanado todo lo que alberga esta obra que ahora intentaremos diseccionar en su compañía, siempre conscientes de que ella resonará de una manera distinta en cada lector, y lo hará tanto en su aspecto reflexivo como en el emocional. Para esta operación debemos  habitarnos , pues el yo es la médula de este cataclismo con dimensiones cósmicas, como dijimos al principio, pero que sucede en el interior de cada ser. Empecemos por la experiencia que tenemos de la caducidad de todo, de que, por ejemplo, en el esfuerzo para alcanzar la meta de la dicha, ya crece el camino de vuelta,(en un principio este poemario iba a titularse Camino de vuelta. Leamos juntos (…) Uno se tiende sobre/la fragante hojarasca, entre constelaciones/de estelarias, y escucha/el rumor deleitoso del arroyo./Mas en ningún momento/se distrae, nunca olvida/ el camino de vuelta. Sentimiento de caducidad, entraña del Tiempo, que tiene un carácter basal en este libro. Lo único que existe-lo amanecemos leyéndolo-(la poesía siempre  amanece), es el instante que se agota en sí mismo, sin posibilidad de resurrección, nos dice el poeta, ni de suspender su transcurso. Instante en que, habla de nuevo el autor, Solo un capricho del azar consigue/ concentrar la eternidad en un instante( y hasta un instante  es demasiado tiempo/para la eternidad) y a eso se llama/felicidad, al vislumbre fugaz/ de esa inocencia prístina/anterior  al big bang de la conciencia. Tanta es la plenitud del instante que no cabe otro tiempo, como es el de la nostalgia o la esperanza(…)Ya te desangres en la nostalgia / o te desgarres en la esperanza,/otra cosa no hay, / solo un instante. Instante, y aquí se ejemplifica esta simbiosis entre lo cósmico y lo íntimo, que forma parte también de la naturaleza de este poemario ,en el que sucede el fin del universo(…) El fin del universo acontece sin duda/a cada instante./ El fin del mundo es solo/la proyección de una catástrofe íntima./ A lo largo del tiempo,/el fin del mundo ha sido, como mucho,/u simple fenómeno local/vertiginosamente repetido. El Tiempo, por otra parte, sabe cual es su misión independientemente de nuestras ensoñaciones y delirios, por eso escribe Francisco López Serrano(…)El amor en la noche se reabsorbe y diluye/como un absceso inocuo en el tejido/ del tedio. Y las parejas comienzan a oficiar/frente a frente la muerte del amor. Y  en una interiorización más honda del tiempo, relacionada con nuestra presencia en el universo, la finitud adquiere una dimensión metafísica “nunca abstracta”, sino “en la forma de un sentimiento celular”,escribe el  poeta. Con la instantánea iluminación de un relámpago nos vemos( utilizo el nos porque seguimos leyendo juntos)  en el nacimiento y en la muerte que, unidos, cobran su total sentido. Para ello es necesario, una vez más, el acoplamiento de nuestro lugar en el mundo con el cosmos, lo que se consigue  a través de “una hoja que pende de un árbol que se alza majestuoso en un planeta fértil de una galaxia remota”(…) La breve y silenciosa caída de esa hoja remota  que simboliza tu presencia en el universo, cifra el principio y el fin de tu existencia y constituye un claro determinante de la relatividad y de la miseria de tu tiempo vital frente al cosmos . Y sin embargo esa hoja remota, que se desprendió del árbol remoto en el momento de su nacimiento y alcanzará el suelo a la hora de tu muerte, milagrosamente aún sigue cayendo. Y junto al Tiempo, el Amor es también fundacional en este libro, con su doble rostro de luz y sombra, con su doble poder de atracción y repulsión(…)En su  expresión débil, el Amor hace que la energía interactúe, que los cuerpos se atraigan./Su interacción más fuerte impide que el mundo se disgregue./En su manifestación semidébil, el Amor brilla con el resplandor de mil soles. / Y a veces  emite y propaga luz con un alcance infinito./Pero el Amor actúa también como energía oscura ,/entonces su fuerza es repulsiva. /En la fuerza oscura del Amor se encuentra inscrita la memoria del destino  fatal del Universo./La memoria de la Muerte del Amor. El erotismo , con su nublamiento interior lleno de chispas, pensamos, no puede desligarse del amor , de lo que éste significa de entrega, de posesión. Posesión cuya temperatura viene marcada por la espera y las imágenes que trenza la imaginación, tan relacionada  con el olvido una vez consumada . Quizá Francisco López Serrano nos lea esta noche LA POSESIÓN , texto en que además se compara  el vértigo de la posesión con el de la creación literaria, tema  que constituye igualmente una parte substantiva de  El último hombre sobre la tierra, en el que la palabra es siempre placenta del ser. Tiempo, Amor, y seguimos nuestro itinerario lector pronunciando las palabras  Nada, Vacío, Conciencia, Dios. ¿Es posible imaginar la Nada?, se pregunta el poeta, consciente de que es un oxímoron. Y a partir de ahí crea  un argumento ontológico sobre  la existencia de la Nada que concluye así: “Acaso aquel que intuye que  la nada/ es parte de su ser”.Y de nuevo , en otros versos,  tiende sus lianas al espacio sideral y convierte las estrellas en agentes secretos portadores de engaño sobre la creación del universo; por eso  termina   su poema EL FIRMAMENTO de este modo: Quizás el mundo no haya sido aún creado y todo esto/ sea  tan solo un vago presagio que reverbera en la nada. /La nada presagiándose a sí misma.  Y ahora el Vacío: Una casa vacía nos inunda por dentro al recibir como presencias todas las ausencias: de seres, de objetos, de respiraciones de todo tipo. Una casa llena de fantasmas o sombras con latido: todo esto lo pensamos con ustedes  mientras leemos el poema LA CASA VACÍA ,en el que de un modo táctil sentimos el vacío, más allá de la casa vacía.   Leo el final(…) Los fantasmas constituyen el último sortilegio/ del que la naturaleza en general/y la naturaleza humana en particular/ se sirven para conjurar/ su horror al vacío. La Conciencia es asimismo columna vertebral de estos poemas, siempre en conexión con la realidad, y aquí acude  Francisco López  Serrano a la iluminación que le proporciona la ciencia, la biología. Escuchemos(…)¿Pero existe acaso la realidad pura, una realidad que no haya pasado por el tracto digestivo de una conciencia, que no se haya  impregnado de sus jugos y de sus ácidos corrosivos? O, lo que es lo mismo, ¿existe una “realidad imaginaria” en el sentido cosmológico del término, una realidad anterior a su percepción??Existe una realidad que no sea una excrecencia, un residuo muerto de tu conciencia?. Respecto a Dios, o el Gran Maltratador, como le llama a veces, o el que acecha en silencio , sentimos su asfixia, su succión, que provocan dentro del autor la rebeldía absoluta, el deseo de liberación de cualquier atadura espiritual. En esta ocasión “una imagen de tomografía computarizada por emisión de  fotón único”, le sirve para “escrutar la guarida en la cual, insomne y cauteloso, agazapado igual que una alimaña, Dios-como dijimos-acecha en silencio” . Deseo de liberación de cuya imposibilidad , incluso después de la muerte, es consciente. Llega un momento que nos peguntamos si no se trata de un ser generado por nosotros mismos que nos encelda. Un fragmento del poema EL GRAN MALTRATADOR reza así(…)Te fecunda y a la vez te vacía./Te sorbe hasta el tuétano./ Te quita el aire./Si hicieras añicos tu cuerpo, / el estaría en cada fragmento./Si te diluyeras, /se hallaría en cada gota. /Si te evaporaras,/reiría estentóreamente desde cada molécula  de vapor./Ni siquiera la muerte podría liberarte/del Gran Maltratador. Por último, para terminar esta lectura común, no podemos olvidarnos de las palabras, de su búsqueda como “quien busca-dice el poeta- un cuerpo al  que poseer”, Palabras –añade- “con las que profanar el mundo”.  Y sobre todo búsqueda de “la palabra esencial, de esa palabra poética que nace del alma creadora, esa palabra que la conciencia opone al vacío”. Tarea  sin fruto: “Había consagrado la vida a un hermoso fracaso.”En todo caso en esta visión pesimista del  Universo, marcada por  “el estigma del dolor”  y por “el peso insoportable”, cito al poeta  “hay una herida en ti-en nosotros podríamos afirmar-una grieta profunda que solo un palabra puede llenar”.
El último hombre sobre la tierra  es un poemario yesca, sin ningún fuego de artificio metafórico, profundamente ético, duro en ocasiones, irónico a veces, donde en cada parte está el  Todo, lleno de una gran libertad interior.
Un poemario en el que se hubiera reconocido Blas de Otero que, a pesar de tanta desolación y descomposición, de tantas tinieblas  y abismo, nos invita a vivir sin límites, como le sucede a toda verdadera poesía que, al final, es  siempre celebración de la existencia.