Diana Cullell entrevistada por Esther Peñas


Entrevista a Diana Cullell, doctora en Literatura Española, Universidad de Liverpool
El sesgo político no ha de considerarse esencial en la poesía de la experiencia

La poesía actual se ramifica en dos familias. Una opulenta en medios, recursos y feligreses, la de la experiencia; otra, la de la diferencia, marginada, devaluada y con escasas vías en las que amplificar su voz. Todo esto ocurre en España. En el resto de Europa no es así.

Desde que Robert Lagbauym sentara las bases de la poesía de la experiencia en 1957, los discípulos de Jaime Gil de Biedma, el teórico de esta corriente en nuestro país, fueron ensanchando sus límites hasta hacer algo distinto de la originaria propuesta inglesa.

Diana Cullell, doctora en Literatura Española en la Universidad de Liverpool, acaba de publicar un polémico ensayo en que reivindica el sentido original de la expresión y hace uso de él adscribiéndoselo a poetas tan sorprendentes como María Antonia Ortega, Almudena Guzmán y Esther Zarraluki. ‘La poesía de la experiencia española de finales del siglo XX al XXI’ (Devenir Ensayo) tiene la culpa.

¿Se esperaba el revuelo que está causando su trabajo?
Sí y no… supuse que tendría bastante eco, porque la poesía de la experiencia es algo muy asentado en España, pero no imaginé que recibiría incluso ataques personales por un estudio argumentado. Cuando hace tiempo le planteé a mi editor lo que quería hacer me dijo si estaba segura; él intuyó mucho mejor que yo los fuegos artificiales que traería el libro.

Hacer una análisis de Luis García Montero en un ensayo sobre poesía de la experiencia se presupone pero, ¿por qué María Antonio Ortega, Esther Zarraluki y Almudena Guzmán?
Mi principal propósito era acercarme a la poesía de la experiencia desde un punto de vista distinto a cómo se ha analizado en España hasta ahora, salir de los parámetros de establecidos. Quería hablar de tres hombres y tres mujeres. En los hombres no hay posibilidad de equívoco alguna. En las mujer, a mi juicio tampoco, aunque a ojos de muchos resultará sorprendente que estos nombres vayan asociados a la experiencia.

Es que es sorprendente, no me diga…
Pero ellas representaban lo que buscaba: demostrar que la poesía de la experiencia puede presentarse en un verso, en una estrofa, en partes aisladas de una obra que han quedado aparte de lo que se ha entendido como poesía de la experiencia.

Luis García Montero habló de un movimiento, ‘La otra sentimentalidad’, más acorde con lo que hoy se entendería en España por poesía de la experiencia, que tienen un sesgo político de izquierda, que se integran en el orden institucional. ¿Pierde credibilidad el artista cuando se alía con el poder, por muy de izquierdas que sea?
Yo siempre he entendido la poesía como un compromiso en sí mismo, pero compromiso es un término que se puede entender de muchas maneras: política, filosófica, ética, vital. La poesía de la experiencia, tal y como se entiende en España, requiere de un cariz de compromiso político, de izquierda. Creo que en ningún caso el sesgo político ha de considerarse esencial en esta corriente poética, al menos tal y como fue concebida en su momento.

Podría decirse que adscribirse a unas siglas políticas ¿ensucia la poesía?
Totalmente. Cuando la poesía pasa a convertirse en bandera de un partido político supone hacer un mal uso de ella. En España sólo se entiende la poesía de la experiencia como poesía política, y no creo que ni Lagbauym ni Gil de Biedma pensaran en algo así al teorizar sobre ella.

¿Se ha banalizado entonces la esencia poética?
No sé si tanto. Desde luego, de lo que me quejo en el libro, y ese es el postulado que he defendido en él, es que no se entendió la poesía de la experiencia y se utilizó para ventaja propia de unos cuantos poetas. Por eso quise analizar las poetas que aquí cojo, porque nadie los encajaría en la poesía de la experiencia y, sin embargo, en cierto modo, se inscriben en esta corriente.

Dígame tres virtudes de la poesía de la experiencia.
Cuando hablamos de poesía no me gusta hablar de virtudes de una u otra tendencia; es el lector, cuando se pone delante de una obra, quien tiene que decidir las virtudes del texto. La poesía es algo tan subjetivo que lo que para un lector pueden ser virtudes para otro, cruces. Además, mi propósito no es, en absoluto, guiar la opinión del lector, presentando un postulado como válido, afirmando cuál es la manera correcta de entender la poesía y de entender el canon. Nunca podría decirle al lector: “lee esta poesía, no leas esta otra”.No deseo guiar al lector en virtudes o cruces de una tendencia, ni tampoco presentar un postulado como único y correcto. Desde mi punto de vista académico y crítico, lo único que pretendo es presentar y defender unas ideas que analizan una parte fundamental de la poesía española de los últimos tiempos desde un punto de vista distinto, con rigor académico y ganas de echar luz sobre partes ignoradas o mal entendidas de nuestra Literatura.

La continua refriega en medios de comunicación entre representantes de una y otra tendencia poética, ¿aviva en el lector el apetito lector o lo entierra?
Creo que la tensión entre ambas corrientes refuerza la poesía, en el sentido de que, quizás, llegue a más gente. Mala publicidad es, al fin y al cabo, publicidad. Si todo sirve para promocionar la poesía en un momento en que no se lee mucho, bienvenido sea, pero la poesía puede verse afectada si se deja de evaluar, si deja de ser el objeto mismo de la creación y el interés que debe focalizar se desplaza al autor.

Poetas endiosados…
Eso es lo peor que le puede suceder a la poesía porque la banaliza y porque consigue que sea el poeta o un grupo de poetas quienes deciden el destino de la poesía y no la poesía en sí misma.