Cultura de resistencia - Ricardo Ruiz


Por Ricardo Ruiz (Marzo 2013)

Texto leido en la Escuela Ta dei Madrid en la lectura poética Voces poéticas de Devenir

“Esta no es la crisis del sistema capitalista, es la crisis de toda una concepción del mundo”. Con esta afirmación, el escritor argentino Ernesto Sábato ya alertaba en el año 2000 sobre la crisis del sistema en el ensayo titulado “La Resistencia”, un  texto compuesto por cuatro cartas y un epílogo, que sin lugar a dudas resultó premonitorio. “Es la idolatría a la técnica, la explotación del hombre, la pérdida de los valores espirituales, la feroz competencia, la corrupción política, el consumismo desaforado, el descrédito de la justicia. Pero resignarse, subrayaba el autor de El Túnel, es una cobardía, hay que resistir. Solo los valores del espíritu pueden salvarnos porque los valores nos orientan y presiden nuestras decisiones”.

Ciertamente esas predicciones de Ernesto Sábato han resultado 13 años después totalmente acertadas. Los derechos sociales de los ciudadanos son progresivamente aniquilados, las libertades son recortadas con guadañas de austeridad, las banderas salen a las calles enarbolando patrias y naciones, el miedo y el desaliento atenazan a los ciudadanos.
 
Conceptos como dignidad, decencia, lealtad, honestidad y ética van perdiendo su sentido porque triunfa la ambición sin escrúpulos, la degradación moral, la corrupción, el descrédito institucional. La ética, la moral y la justicia están siendo sustituidas por la amoralidad y la indecencia.
 
Entonces, ¿qué hacer y por qué? Sólo una regeneración, un rehumanismo, un nuevo humanismo puede salvar al hombre, a la naturaleza humana. Y para conseguirlo es precisa la indignación activa, la revuelta social, la resistencia que proponía Sábato.
 
Es más que evidente que la civilización ha progresado de una manera vertiginosa y preocupante hacia una sociedad de tecnócratas y gestores del utilitarismo en perjuicio de una sociedad de humanistas e intelectuales del pensamiento libre. Por poner un ilustrativo ejemplo, la amputación de los estudios de Humanidades (porque la pérdida de significado de las humanidades ha contribuido a la degradación de la cultura) es una prueba fehaciente de esta tendencia que convierte la rentabilidad, la productividad y el beneficio en los nuevos dioses a los que hay que idolatrar y rendir pleitesía. Y como el pensamiento, el humanismo y la cultura ni venden, ni son rentables, ni generan beneficios, lo mejor es aniquilarlos. ¿Cuándo ha sido rentable la Cultura? La Cultura no se mide en esos parámetros. 
 
Dónde están esos valores que generaciones anteriores defendieron en las barricadas del pensamiento libre. Arrinconar hasta la inanición el humanismo, la cultura, la educación y el pensamiento es encarcelar hasta la extinción la posibilidad de pensar, de discrepar, de crear, de rebelarse, de ser libre. 
 
Este empobrecimiento cultural ha establecido un nuevo escenario en el que el mundo parece más oscuro y más mezquino.
 
En este oscuro panorama, la cultura es considerada como un mero espectáculo y un entretenimiento, y es sustituida por la gastronomía, la moda o el estilismo… Pero la cultura permite indagar en la naturaleza humana. La literatura ha de ser un puñetazo en las tripas, un escalofrío en el corazón, un cortocircuito en el pecho, un deslumbramiento en los ojos, todo lo que nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y al mundo.
 
¿Qué valores culturales propone la creación literaria actual? ¿El creador-escritor remueve conciencias, se interroga sobre la naturaleza humana y sus obras desestabilizan emocionalmente a los lectores o es un simple títere en manos del mercado editorial?
 
Creo que el escritor tiene una responsabilidad moral con los lectores en la necesidad de conjugar ética y estética en su obra porque la (buena) literatura debe impeler al lector a pensar, a hacerse preguntas y a plantearse interrogantes sobre la condición humana como una forma de conocimiento, de crecimiento, de formación y de educación intelectual. La literatura no sólo debe reconfortarnos (algo también legítimo) en las frías noches de invierno o relajarnos mientras descansamos en una cómoda hamaca veraniega, sino también formar, educar y humanizar a los lectores. Porque la literatura, al igual que el resto de artes creativas, debe contribuir a la formación intelectual de individuos libres y agudizar su sentido crítico y dialéctico. La literatura debe hacerse preguntas.
 
En una sociedad donde el arte se mide por las colas a las puertas de los museos, donde los cocineros se han convertido en los nuevos intelectuales y donde los escritores son más valorados por los ejemplares vendidos que por la calidad de sus obras, la cultura se ha transformado en turismo gastronómico y los escritores en la salsa que endulza los eventos sociales.
 
Y en este escenario, ¿qué papel juega la Poesía? La poesía –no nos engañemos- no puede salvar el mundo, lo hace más soportable. Es una forma de conocimiento, de conciencia, un ejercicio estético de rebeldía… La poesía sirve para vivir porque nos ayuda a sobrevivir. La poesía hace útiles las cosas inútiles de la vida.
 
Nos alimentamos de pequeños milagros cotidianos y de pasiones aparentemente inútiles, como la poesía por ejemplo. Pero sin ella la vida es más sucia y más fría. La poesía es pasión, emoción y conmoción. Por eso, no podemos abdicar de esos pequeños milagros que nutren nuestros sueños: los juguetes en el desván de los recuerdos, la posibilidad de una caricia, la ternura de los inocentes, un amanecer abrazado al cuerpo que amas, levantarte cada mañana aunque tus huesos vistan un pijama de heridas, la lectura de un libro que abrigue tu escalofrío en la fría noche....
De estos asuntos hablan mis dos últimos libros El hombre crepuscular y, sobre todo, Los vencidos. Éste (Los vencidos) habla de actitud y de literatura, de códigos morales y de creación poética. La ética en la estética y la estética en la ética. Los vencidos hablan de la memoria, del paso del tiempo, del misterio de lo cotidiano, del hombre y la condición humana, de la muerte y de la vida.
 
Los vencidos es un homenaje a quienes mantienen intacta una actitud ante la pérdida de códigos, convicciones, principios y valores éticos en un mundo en que esos valores han perdido su significado. Ellos conservan la dignidad de la derrota. Es un libro moral que reivindica la ética y la estética.
 
Yo no puedo cambiar el mundo con mi palabra poética. He aprendido a luchar contra los molinos de viento, a reconocer que los gigantes son demasiado poderosos y a perder en el combate, pero me queda intacta mi dignidad, poder mirarme cada mañana al espejo y reconocerme en mi resistencia. Porque sin dignidad y sin ética la creación estética es una batalla perdida, inútil, papel mojado. La Cultura que carece de ética es inhumana.
Ricardo Ruíz